DEPORTES

Stephens fue la campeona perfecta hasta cuando recibió el premio millonario

Houston (EFE) – El Abierto de Estados Unidos ya tiene coronada como su nueva reina a la joven local Sloane Stephens, que a sus 24 años, rompió todos los pronósticos al aportar el mejor tenis ante su compatriota Madison Keys, decimoquinta cabeza de serie, a la que ganó por 6-3 y 6-0 para ser la campeona perfecta.

Lo demostró tras haber llegado al último torneo de Grand Slam clasificada en el puesto número 83 de la lista mundial después de haber recuperado en apenas unos meses varias centenas de lugares cuando el pasado 8 de abril comenzaba a caminar de nuevo para iniciar un proceso de recuperación de una operación a que fue sometida en el pie izquierdo.

Todo eso lo hizo en silencio, luchando al máximo, confiando en si misma y en su madre, la persona que estuvo siempre a su lado en los momentos más difíciles y por la que al final lloró cuando subió a las gradas para abrazarla y luego al recordarla de nuevo en la entrega del trofeo de campeona, su primero de un Grand Slam.

Antes, todo fue tranquilidad, control y profesionalismo, sin perder nunca la compostura ni tan siquiera cuando hizo el último tanto con el que cerró el partido en apenas 61 minutos.

Stephens se alejó de las ya aburridas y fingidas celebraciones de las estrellas, que se entregan a hacer gestos, exclamaciones, lágrimas y desplomes en la superficie de la pista como las exhibiciones que dio en los partidos de las primeras rondas la rusa Maria Sharapova hasta que quedó eliminada en la cuarta.

La nueva campeona del Abierto de Estados Unidos se alejó de todo “show” de venta de imagen nada más concluir el partido, que fue una joya de lo que debe ser mantener la disciplina a la hora de aplicar la estrategia con la que se quiere ganar a la rival, y se limitó a ponerse la mano en la boca, ante el gran logro deportivo conseguido, e irse con toda la deportividad a darle un gran abrazo a su rival, amiga y compatriota Keys.

Pero la naturalidad de Stephens fue aun mayor, más genuina y más sincera cuando al escuchar el valor del cheque que iba a recibir, nada menos que de $3.7 millones, no pudo contener la expresión de “¡Guau! ¡Eso es mucho dinero!”.

Cierto, pero es el que se mueve ya en el tenis profesional y más concretamente en el último torneo de Grand Slam de la temporada que bate todas las marcas con premios este año de $50.4 millones.

Un incremento de $4 millones en comparación con el año anterior, lo que significa un 9% más, y convertirlo en el primer torneo en la historia del tenis mundial que supera los $50 millones.

La presidenta de la Federación de Tenis de Estados Unidos (USTA, por su siglas en inglés) recordó que hace cinco años se habían comprometido con todos los profesionales de conseguir llegar a los $50 millones en premios y habían cumplido su palabra.

La competición de individuales se incrementó un 7.5% en comparación con el año pasado, y la de dobles recibió el 8.6% de subida para colocarse en un premio de $675,000, el más alto en la historia del Abierto de Estados Unidos.

Mientras que el torneo previo de clasificación al Abierto de Estados Unidos, la fase previa, también recibió un incremento del 49.2% para recibir $2.9 millones.

Pero no solo la organización del Abierto de Estados Unidos incrementó la inversión en el valor de los premios sino que también los profesionales pudieron disfrutar durante todo el torneo de mejoras en las instalaciones dedicas a su descanso, y comodidades.

Especialmente en las mejoras del restaurante, donde los profesionales tuvieron mayor cantidad de comida, al igual que las renovaciones hechas en las instalaciones dedicadas a la preparación física y la novedad de un espacio más silencioso donde pudiesen descansar.

Ante tanto cuidado a los profesionales, Stephens fue la campeona perfecta porque demostró que sin ser favorita, se convirtió en la quinta en la historia del Abierto de Estados Unidos que sin ser cabeza de serie lo ganó, se puede ser la mejor en la pista con el juego que aportes.

Luego, al final, no pudo escapar de la ya típica sesión de fotos “obligatorias” de cara a la mercadotécnica que exige la comercialización del torneo, y también cumplió al posar en el suelo, pero ya con la copa de auténtica campeona y nueva reina de Flushing Meadows.

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